
Estoy muy convencido de que el Perú es un país de ingeniosos. Es gratificante ver que muchas personas utilizan la creatividad y el ingenio para salir adelante, sobre todo cuando aprovechamos nuestros propios recursos y los mostramos al mundo. O mucho más gratificante es cuando personas con pocos recursos se las ingenian de alguna manera para llevar el pan a su casa, ya sea inventando nuevos negocios o haciendo un sinfín de cosas para lograr ello. Pero una cosa muy distinta (y repugnante por cierto) es utilizar este ingenio para aprovecharse de los demás, vale decir, para estafar.
Me refiero específicamente a una nueva modalidad de estafa, muy ingeniosa creo yo, en la que inescrupulosos sujetos sin sangre en la cara se aprovechan de la ingenuidad de muchos para cometer estas bajezas. Lo más indignante es que muchas de sus víctimas son gente a la que desgraciadamente no le sobra el dinero. Seguro que ya muchos de nosotros hemos estado en el blanco de estos “ingeniosos” personajes, pero que felizmente no hemos caído en la trampa.
Hace poco más de 3 meses recibí un mensaje curioso a mi celular y de un número desconocido. Este mensaje que parecía ser enviado por la empresa de telefonía celular Claro (aunque según los dígitos pude reconocerlo como Movistar) decía que yo había sido un afortunado ganador de un TV plasma de 21”, un celular Motorola y un equipo de sonido. Decía también que debía devolver la llamada para coordinar la entrega del premio. Bueno, rara me parecía la procedencia del número, así que no hice caso. A los pocos días, en un canal de televisión, pasaron un reportaje en el que muchas personas estaban siendo estafadas con esta modalidad y que al momento de comunicarse con quien supuestamente ofrecía el premio, les pedían que compraran sendas tarjetas prepago de diversos precios y les dictaran las claves que ahí aparecían. ¿Para qué? Pues para quedarse con todo el saldo y dejar a los supuestos e incautos ganadores con las manos y los bolsillos vacíos. También recuerdo que se hacían pasar por productoras de conocidos programas de televisión que daban premios a los que recibían la llamada a cambio de dar el número de clave de estas tarjetas.
Y esto no es todo. Les cuento otra anécdota más curiosa que la primera.
Hace algunas semanas me encontraba reunido en casa de un amigo haciendo un trabajo grupal para la universidad. Bien entrada la noche recibimos la llamada de otro amigo nuestro diciéndonos que un conocido en común había sido llevado a una comisaría, detenido por portar marihuana entre sus cosas. Obviamente, entre quienes nos encontrábamos reunidos, un profundo silencio y miradas de sorpresa volvieron aún más tenso el ambiente de estudio. No lo podíamos creer así de simple. Nos dijeron que el supuesto comandante de la comisaría pedía tarjetas prepago para dejarlo en libertad.
Esto ya me parecía raro, y antes de que mi amigo dueño de la casa vaya por una tarjeta, decidí llamar al supuesto involucrado. Entró la llamada y escuché su voz. El diálogo fue más o menos el siguiente:
- Oe, ¿qué fue? ¿Estás bien?
- ¿Qué fue de qué?
- ¿No estás en la comisaría?
- ¿De qué hablas?
- Es que acabo de recibir una llamada y me dijeron que te detuvieron por portar marihuana y que estabas detenido en una comisaría.
- Hablas huevadas, estoy chupando en Elos. Te han hueveado, debe ser broma!
Me refiero específicamente a una nueva modalidad de estafa, muy ingeniosa creo yo, en la que inescrupulosos sujetos sin sangre en la cara se aprovechan de la ingenuidad de muchos para cometer estas bajezas. Lo más indignante es que muchas de sus víctimas son gente a la que desgraciadamente no le sobra el dinero. Seguro que ya muchos de nosotros hemos estado en el blanco de estos “ingeniosos” personajes, pero que felizmente no hemos caído en la trampa.
Hace poco más de 3 meses recibí un mensaje curioso a mi celular y de un número desconocido. Este mensaje que parecía ser enviado por la empresa de telefonía celular Claro (aunque según los dígitos pude reconocerlo como Movistar) decía que yo había sido un afortunado ganador de un TV plasma de 21”, un celular Motorola y un equipo de sonido. Decía también que debía devolver la llamada para coordinar la entrega del premio. Bueno, rara me parecía la procedencia del número, así que no hice caso. A los pocos días, en un canal de televisión, pasaron un reportaje en el que muchas personas estaban siendo estafadas con esta modalidad y que al momento de comunicarse con quien supuestamente ofrecía el premio, les pedían que compraran sendas tarjetas prepago de diversos precios y les dictaran las claves que ahí aparecían. ¿Para qué? Pues para quedarse con todo el saldo y dejar a los supuestos e incautos ganadores con las manos y los bolsillos vacíos. También recuerdo que se hacían pasar por productoras de conocidos programas de televisión que daban premios a los que recibían la llamada a cambio de dar el número de clave de estas tarjetas.
Y esto no es todo. Les cuento otra anécdota más curiosa que la primera.
Hace algunas semanas me encontraba reunido en casa de un amigo haciendo un trabajo grupal para la universidad. Bien entrada la noche recibimos la llamada de otro amigo nuestro diciéndonos que un conocido en común había sido llevado a una comisaría, detenido por portar marihuana entre sus cosas. Obviamente, entre quienes nos encontrábamos reunidos, un profundo silencio y miradas de sorpresa volvieron aún más tenso el ambiente de estudio. No lo podíamos creer así de simple. Nos dijeron que el supuesto comandante de la comisaría pedía tarjetas prepago para dejarlo en libertad.
Esto ya me parecía raro, y antes de que mi amigo dueño de la casa vaya por una tarjeta, decidí llamar al supuesto involucrado. Entró la llamada y escuché su voz. El diálogo fue más o menos el siguiente:
- Oe, ¿qué fue? ¿Estás bien?
- ¿Qué fue de qué?
- ¿No estás en la comisaría?
- ¿De qué hablas?
- Es que acabo de recibir una llamada y me dijeron que te detuvieron por portar marihuana y que estabas detenido en una comisaría.
- Hablas huevadas, estoy chupando en Elos. Te han hueveado, debe ser broma!
Definitivamente sentí que se trataba de una nueva modalidad e intento de estafa. Llamamos de vuelta a nuestro amigo y le dijimos que todo estaba bien y que no pasó nada con Jonás (así bautizaré al involucrado) y que se encontraba libando licor en un bar muy concurrido por la masa estudiantil de nuestra universidad. Todo quedó prácticamente aclarado y nosotros aliviados al saber que nuestro querido y entrañado amigo, cuya reputación jamás pondríamos en tela de juicio, se encontraba sano, salvo y libre de polvo y paja.
En fin, espero que a través de este humilde blog y con estas anécdotas, muchos de nosotros ya estemos alertas ante estas situaciones y no caigamos en el juego. Estos facinerosos se consiguen la información de la supuesta víctima y llaman haciéndose pasar por ella para aumentar el grado de credibilidad a estas llamadas. Estemos atentos y verifiquemos bien los números de los cuales recibimos las llamadas. Qué triste que usemos el ingenio para engañar a los demás y como dice un columnista de un conocido diario chicha: Apago el televisor!!


3 comentarios:
te felicito hermano por tu blog, sigue así y suerte en esta tu nueva aventura blogueriana :P jaaaa
Gracias a ti también por ser una fuente de inspiración en esta mi nueva faceta.
Exitos!
oe pendejo..jajajaja...YO te dije para llamar, otra cosa es que usaramos tu celular..jaja...te amo amigo!
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