martes, 20 de enero de 2009

La rica universidad ...


Aún recuerdo con mucha añoranza mi primer día de clases en la universidad. Si mal no recuerdo fue un 20 de agosto de 2003. Claro, antes que nada tuve que batallar duramente y, luego de un par de intentos fallidos, logré por fin el ansiado ingreso. Debo decir que aquella experiencia fue una de las más increíbles que tuve a lo largo de toda mi vida.

Aquel día no conocía a casi nadie. En mi salón éramos como 50 personas. Esperaba encontrarme con algún amigo de la academia en mi salón, pero no fue así. Empezaba una nueva historia. No sentí tan exigente los primeros ciclos y las preocupaciones eran distintas a las de ahora. Lo digo por el hecho de que al inicio de la universidad muchos de nosotros nos preocupábamos más por conocer y hacer amigos rápidamente, las clásicas “chupetas” de todos los viernes (algunos lo hacían todos los días), las clásicas “pichangas” para armar los equipos de las famosas cachimbadas, etc. Claro que no podía uno descuidar los estudios, pues porque uno ingresa a la universidad con el fin de convertirse en un profesional a carta cabal.

Al pasar a facultad las cosas van tomando un rumbo diferente. En mi caso, por ejemplo, sentía que empezaba el verdadero reto. Empezaba a tener curiosidad por los cursos que se dictarían, el hecho de conseguir prácticas profesionales, etc. Todo empezaba a generar mayor expectativa. Algunos cursos eran divertidos, otros inspiraban poco o nada. De los profesores puedo decir que conocí desde aquellos que se ganaron todo mi respeto y admiración, hasta aquellos que estaban en absolutamente nada. En realidad, la universidad desde sus inicios te marca definitivamente para toda la vida. Creo que es la época más divertida de todas en donde uno va alcanzando la madurez necesaria para afrontar nuevos retos. Es la etapa donde nos vamos despojando del colegial inquieto y un tanto despreocupado, para convertirnos en el profesional que todos alguna vez soñamos ser.

Poco me faltar para terminar la carrera. En teoría un ciclo más y se acaba. Sin embargo, creo que cuando todo ello acabe empezaré a extrañar una de las épocas más geniales de toda la vida, al menos para mi es así. Uno madura y se da cuenta de que el tiempo pasa volando imperceptiblemente. Quienes cursamos los últimos ciclos sabemos que de entre las tantas cosas que hablamos y discutimos están las de encontrar “chamba”. La premura y las ganas de demostrar lo que hemos aprendido hacen de nosotros una especie de ave de rapiña voraz y hambrienta de aquella pequeña oportunidad que nos sirva para dar el primer paso hacia una nueva etapa que conlleva nuevas responsabilidades.

Creo que jamás olvidaré la universidad. Sin duda aprendí mucho en ella y conocí gente de todo tipo. Me jode el hecho de acabarla y me jode también el hecho de no haberla acabado aún, cosa que ya debí haber hecho. Y si bien me queda poco para terminarla, solo queda hacerlo de la mejor forma y seguir brindando con vaso de chela en mano parciales, finales, inicio y fin de cada ciclo restante.

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